viernes, 15 de julio de 2016

Descubriendo a Forrester (2000)

Descubriendo a Forrester es una de mis películas preferidas, quizá porque llegué a ella en una época en la que, como el protagonista, trataba de descubrir qué quería hacer con mi vida y si mi afán de ordenar palabras y convertirlas en frases tendría alguna relevancia en ella. Sean Connery es William Forrester, un escritor que vive recluido décadas después de publicar un único libro que le convirtió en leyenda. Jamal es un joven de barrio humilde al que ofrecen una beca en un prestigioso colegio de Nueva York, en parte por sus notas y en parte por su habilidad para el baloncesto. Tras conocerse de forma fortuita, ambos lograrán que la vida del otro cambie de forma inesperada.

Como toda buena historia, esta película nos habla a varios niveles. Para los  escritores, contiene algunos de los mejores consejos que se pueden dar, empezando por una frase que se me quedo grabada: "Escribe tu primer borrador con el corazón, reescríbelo con la cabeza. La primera clave de la escritura es... escribir, no pensar." Otra revelación llega al descubrir que Forrester, a pesar de sus años como ermitaño, no ha dejado de escribir y guarda sus trabajos en una interminable hilera de archivadores. Sigue haciéndolo, sin necesitar de un público que le adule, porque ama las palabras. Jamal, por su parte no se resigna a lo que le ofrece su entorno y recurre a ellas como vía de escape. Es imposible no empatizar con personajes así.

Seamos adultos desencantados o adolescentes que comienzan a enfrentarse al mundo, Descubriendo a Forrester tiene algo para todos y cada uno de nosotros. Nos habla de la importancia de ser fiel a uno mismo, de perseguir los sueños y no rendirse. De sentirse solo y desubicado en un mundo que sentimos ajeno. De la posibilidad de encontrar amistad y comprensión en los lugares más insospechados. En el fondo viene a decirnos que la vida será dura y a menudo incomprensible, pero que está en nuestra mano luchar para sobrellevarla, en este caso usando la literatura -o cualquier vocación que nos llene- como herramienta para lograrlo.

Resumiendo, si no la habéis visto, estáis tardando.


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